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viernes, 20 de enero de 2012

MARIDAJE PARA HACER DE A DOS




Casi un año pasó del último post, en un 2011 donde lo urgente le sacó tiempo a lo importante y aquello que más se disfruta tuvo que quedar relegado por un tiempo. La intención es en este 2012 no mirar hacia atrás, sino todo lo contrario desde el presente para adelante. Por ello comenzaré lo que espero que sea una serie importante de post durante el año, en una actividad que disfruto tanto como el hecho de compartirla.



Para continuar en la misma temática que el único post del año pasado, volveré a hablar de un libro escrito por un psicólogo, en realidad, una psicóloga para ser exactos. Se trata del segundo libro de la autora, una profesional de vasta experiencia y a quien no sólo tengo el gusto de conocer, sino que me brindó el honor de participar en la presentación en la Feria Internacional del Libro. Se trata de “Orange, ¿dónde está mi media naranja?” de Susana Acquarone.



Busca comprender las dificultades (generadas por uno mismo y el entorno) para conseguir y mantener una pareja en el mundo actual. Quien piense que se trata de un libro de autoayuda está equivocado, aunque en el correr de sus páginas podemos encontrar un punto de vista objetivo sobre circunstancias de las que formamos parte y en ocasiones no nos permiten disfrutar plenamente de las relaciones.



El vino de hoy, como he expresado muchas veces, acompañará el amor, el amor romántico, pasional, platónico o el que sea que vivamos (y en lo posible, disfrutemos). Se trata de un merlot, y uno muy especial, ya que se trata de la primera edición reserva de la bodega. Hablo del Cuna de Piedra Merlot 2011 de Los Cerros de San Juan, un lanzamiento especial celebrando las bondades de una cosecha histórica.



Si este blog se basa en la subjetividad, el post de hoy será tal vez el que más lo haga, ya que todos nosotros tenemos diferentes visiones acerca de las relaciones humanas, y particularmente de las de pareja. Todos hemos tenido diversas experiencias, que cada uno catalogará a su gusto, como positivas o negativas, como enseñanzas o pérdidas de tiempo, como blancas o como negras. En lo particular considero cada experiencia, cada día, cada cosa como un aprendizaje, donde podemos depurar nuestro proceso de selección e inferir con más seguridad sobre lo que queremos o (muchas veces más importante), sobre lo que no queremos.



La primera relación entre ambos elementos va más allá de ellos mismos. Se trata de la relación entre el vino y las personas, entre como ambas pueden ser justamente lo que necesitamos en un momento determinado, o por el contrario, su llegada no nos hace ningún bien. Como en ambos casos muchas veces apostamos a que nos gratificarán, y nos decepcionan, o por el contrario, cuantas veces tenemos gratas sorpresas de uno y otro elemento.



Muchas veces se nos presentan vestidos con sus mejores ropas, para dejar un sabor amargo e incompleto en nosotros, mientras que otras, llegan de forma más humilde, con un perfil más bajo, e iluminan nuestro interior cuando comenzamos a conocerlos.



¿Es fácil hallar una pareja ideal, o un vino ideal? ¿Existe acaso tal cosa? Obviamente que dista de ser sencillo, pero existe sí, y se trata de aquello que nos haga más felices, más naturales, más nosotros. ¿Cómo se consigue? Siendo más felices, más naturales, más nosotros. Dejando que las cosas fluyan. Si hacemos fuerza para que algo nos guste (un vino, un libro, una persona, una situación), es porque evidentemente no estamos en el lugar correcto.


Las relaciones basadas en un personaje, difícilmente lleguen a buen puerto, siendo éste un recorrido, y no necesariamente un punto de llegada prefijado. Aquellas experiencias en las que no seamos nosotros, no nos darán la satisfacción que buscamos. Muchas veces nos basamos en lo que los demás esperan de nosotros, en vez de lo que esperamos de nosotros mismos. Eso sólo llevará al fracaso, porque en nuestro fuero interno sabremos que no es real, que no es nuestra la experiencia que estamos teniendo.




Las relaciones, lecturas y vinos nuevos que probamos sin prejuicios, con la mente y el corazón abiertos, ya tienen un punto ganado. Es el caso de este Cuna de Piedra Merlot, que cumple con lo que se espera de su nombre, e incluso supera las expectativas.



Vivir en busca de una relación ideal, dista de ser una vida desperdiciada, aunque no se logre encontrar. Se puede vivir buscando un Merlot ideal, y por suerte hoy en nuestro maridaje encontramos uno así. Es un vino potente, pero amable al mismo tiempo. Al igual que el libro, se nos presenta humildemente, pero sorprende cuando se lo comienza a conocer. Nos dan a cada sorbo, a cada página, algo nuevo en qué pensar, una introspección hacia lo más sincero de uno mismo. Este vino tiene gran potencial de guarda, y como tantas otras cosas, seguramente se disfrutará tanto o más dentro de un tiempo como en el día de hoy.



Leer un libro que parece escrito para uno, como tomar un vino especial, son cosas que pasan pocas veces y hay que disfrutarlas. Tanto como la búsqueda en sí misma de nuestra lectura, nuestro vino o nuestra compañía de vida.




Lo importante sigue siendo seguir buscando, y seguir disfrutando de la búsqueda. La de este blog en particular aún no termina, y ojalá no lo haga nunca. Tal vez lo ideal sea la búsqueda en sí misma. Tal vez lo ideal sea el recorrido, o el punto de llegada. Lo que es seguro es que lo ideal es distinto para todos, y seguramente eso sea lo ideal.

lunes, 8 de noviembre de 2010

UNA AVENTURA QUE SURCA LOS MARES

Para este primer maridaje de noviembre y la segunda entrada del mes nos iremos directamente al mar. Uno de los componentes de la combinación de hoy recibe su nombre gracias a una pequeña parte de nuestra historia, más específicamente, de la historia de nuestro río ancho como mar. El otro elemento de este maridaje viene desde mares al otro lado del mundo.

El libro de hoy es de Emilio Salgari, un escritor italiano de la segunda mitad del siglo XIX. Estoy hablando del libro Sandokán, la primera novela protagonizada por ese personaje. Es un príncipe de Borneo que decide dedicarse a la piratería con el nombre de “Tigre de la Malasia”. No elige este camino para apoderarse de tesoros, sino para vengarse del imperio británico que lo sacó de su trono y asesinó a su familia.

Un siglo antes de las aventuras de este príncipe, se hundía en las costas de Montevideo, más precisamente frente al barrio costero Punta Gorda, un galeón español con un gran cargamento de oro y plata. El cargamento, objetivo de los piratas que lo hundieron se considera uno de los diez mayores tesoros sumergidos en el mundo. Para aquellos que aún no sepan cuál es ese barco, se trata de El Preciado, el cual fue homenajeado por la bodega Castillo Viejo en un tinto de corte de alta gama. Para este vino cosecha 2002 se utilizó un cincuenta y seis por ciento de Cabernet Franc, un veinte por ciento de Merlot, un dieciocho por ciento de Tannat y un seis por ciento de Cabernet Sauvignon.

Hecha la presentación, comienzan los factores que hacen que este vino y el libro en cuestión mariden perfectamente. Por supuesto que el nombre y la presencia del galeón en la botella hacen que la relación con piratas o flotas mercantes a vela nazca inmediatamente. Pero más allá de eso está la aventura. Si bien en un caso está en riesgo mucho más que el otro, pero se necesita valentía para surcar los mares del sudeste de Asia, o para generar un corte de alta gama, con la esperanza que todo el esfuerzo (no sólo económico, sino de las expectativas puestas en el vino) valga la pena. Por suerte una vez más nos encontramos con un vino uruguayo que no es la excepción, y Castillo Viejo logró un gran vino que por ejemplo, ganó en su categoría en el concurso “El consumidor elige” del “XV Salón Nacional del Vino”.

El autor describe a Sandokán de la siguiente forma: “Era alto, vigoroso, de robusta musculatura, facciones enérgicas, feroces y de rara belleza”. Esta descripción se podría utilizar perfectamente como alegoría para describir lo que se siente en boca cuando este gran vino pasa por ella. Su volumen y untuosidad hacen que la primera impresión sea de un vino sublime, como esas personas que al entrar a un lugar lo llenan con su presencia, justamente como un príncipe alto y de facciones enérgicas. Los taninos están presentes, pero algo dulces y muy gentiles, propios de la caballerosidad de un pirata que supo ser de la realeza. El Preciado de Castillo Viejo promete durar mucho, tanto o más que las aventuras de nuestro personaje.

Es un vino orgulloso, seguro de lo que puede brindar y de lo que es. Sus casi dos años y medio de añejamiento (catorce meses en barrica y quince en botella), la combinación entre barricas de roble americano y francés con diferentes tostados y de diferentes tonelerías, le otorgan a cada botella una presencia que merece ser presentada con grandeza. De igual forma se presenta Sandokán diciendo: “Hay un hombre que impera sobre los mares que bañan las costas de las islas malayas, un hombre que es el azote de navegantes, que hace temblar a las gentes y cuyo nombre suena como una campana fúnebre. ¿Has oído hablar de Sandokán, llamado también el Tigre de la Malasia? Mírame la cara. ¡El Tigre soy yo!” La bodega Castillo Viejo está en condiciones de clamar por tener un vino que se destaca en la mesa o en cualquier cava, que a pesar de su tiempo sigue con la energía de un joven, que desafía los sentidos dejando misterios en la boca y la nariz, para seguirlo conociendo, que a pesar de probarlo cien veces, siempre mostrará una nueva sorpresa.

Sus aromas son complejos y exóticos. Se puede sentir tonos de chocolate y vainilla, con destacados matices frutales y especiados, como clavo de olor. Aromas de las tierras de Yañez, el ayudante portugués de nuestro personaje. Quizás aromas de las maderas que formaban su orgulloso barco, o tal vez propios de los tupidos bosques en los que Sandokán se escondía para escapar de los ingleses, o de quienes no querían su relación con Mariana, su gran amor.

Su color es púrpura con ribetes violáceos, oscuro como los ojos del príncipe despojado de su reino, pero con la vivacidad de quien tiene un objetivo. Al mismo tiempo posee una profundidad propia de un alma noble como su contenido y nuestro héroe. Tal vez esas noches en las que con su barco surcaba los mares en busca de una de las tantas islas de los mares de Malasia, tenían la oscuridad y el brillo propios que encontraremos en cada copa de El Preciado.

Un vino como este, sea cual sea la bodega no puede nacer sin ayuda del amor a lo que se hace y a lo que brinda la naturaleza. Ese amor que derrota hasta a la venganza más deseada. Sandokán, a pesar de perderlo todo frente a los ingleses y entender que “no soy pirata por avidez, soy justiciero, el vengador de mi familia y de mi pueblo, nada más”, encontró en unos ojos azules como el mar que acunó a El Preciado y al barco de nuestro héroe, el amor que le hizo dudar de sus propósitos: “Si quieres iré a destronar a un sultán para darte un reino; si deseas ser inmensamente rica, saquearé los templos de la India y de Birmania para cubrirte de diamantes y de oro… si me pides que renuncie para siempre a mis venganzas y que el pirata desaparezca, incendiaré mis praos para que nadie pueda piratear, despediré a mis hombres e incendiaré mis cañones. Habla, dime lo que quieres”.

Los dos componentes del maridaje de hoy merecen respeto y tiempo. Respeto porque se lo han ganado y tiempo porque es la mejor forma de disfrutarlos. Un vino como este debe ser decantado o al menos permitirse airear para que brinde todo de sí. Este libro merece tiempo, para entender que muchas veces intentar devolver el daño que se nos ha causado es bajeza de espíritu, que siempre será vencido por nobles sentimientos, y nobles vinos como El Preciado de Castillo Viejo.

jueves, 5 de agosto de 2010

AFORTUNADO MERLOT CON UNA TRAGEDIA

Para el primer maridaje del mes de agosto decidí usar de forma más que humilde al autor que marcó un antes y un después en la historia. ¿Por qué? Porque luego de él, nadie más volvió a innovar. Escribió sobre el amor, la muerte, la traición, el hombre, la venganza, la pasión y todos los temas habidos y por haber. Me refiero a William Shakespeare.

Entre las innumerables obras de su autoría, elegí el drama del año 1595 Romeo y Julieta para acompañar un Merlot Reserva de Toscanini del año 2006.

Esta obra relata una historia de amor nacida del odio de dos familias de la Verona del siglo XVI. Los Capuleto y los Montesco luchaban sin una razón certera todo el tiempo, cansando a los habitantes de la ciudad, sus gobernantes y hasta a algunos de los integrantes de las familias. Los integrantes más jóvenes de esas familias (Romeo en los Montesco y Julieta en los Capuleto) se conocen en una fiesta brindada por la familia de ella y allí comenzará un amor imprudente, eterno y efímero.

El porqué de este maridaje es absolutamente subjetivo. Para mí el vino que mejor representa el amor, el buen amor, es el Merlot. Suave pero intenso, con un despliegue potente desde un primer instante en el que se sabe si será o no duradero, si valdrá o no la pena. En ciertos casos, al igual que en la vida, existen las decepciones, pero este maridaje no sabe de ellas. Un gran amor y un buen Merlot tienen cosas en común, una permanencia que se intuye en el primer sorbo; un sabor que nos pide a gritos seguir y un color diferente a todo lo que se ha visto. Para resumir, el amor es, como el propio protagonista de la obra indica a su amigo Benvolio “¿Qué más puedo decir de él? Diré que es locura sabia, que emponzoña, dulzura embriagadora”. Quien desee tomar esa frase para describir el Merlot, se acercará mucho a lo que creo que es.

El vino fue elaborado a partir de uvas seleccionadas del viñedo Paso Cuello. Este lugar, con su suelo arcilloso de gran permeabilidad, permite alcanzar una gran madurez de la fruta. Esperar la correcta maduración es esencial a la hora de concebir un gran vino como este. Pero no sólo en lo que a vides y vinos se refiere, muchas veces, el apuro y la ansiedad conllevan al error o la imprudencia. “Los árboles excesivamente inmaduros no prosperan. Yo he confiado mis esperanzas a la tierra y ellas florecerán.” Con estas palabras comienza el padre de Julieta a hablar de ella frente al pretendiente Paris, tratando de evitar éste proponga matrimonio a su hija.

Los ocho meses en barrica le dan un toque de madera que se siente en boca y nariz pero no opaca las características de la cepa. Según Alejandro Dolina, ocho meses es el momento en que una relación se vuelve trascendente, en este caso, ese tiempo fue el correcto para generar un vino con una de las mejores relaciones calidad precio que he observado.

“Raras son las virtudes que esparció la generosa mano de la naturaleza, en piedras, plantas y yerbas”. Esta frase forma parte del primer parlamento de un personaje importantísimo en la obra, el Fray Lorenzo, quien tratará de enlazar a estos dos jóvenes, a pesar de sus reparos. Algunas de esas virtudes se encuentran en cada copa del Merlot Reserva 2006 de Toscanini. Sus aromas son complejos y sorprendentes. Las notas especiadas se combinan con el roble y con frutos negros. Este personaje aconseja a Romeo amar con moderación pues “el exagerado dulce de la miel empalaga”. Tanto en el vino como en el amor, a pesar de las propiedades embriagantes de cada uno, hay que cuidar de no perder el rumbo y cegarse por algunos de ellos, permitiendo así su total disfrute.

Los taninos en el vino están muy presentes, aunque aterciopelados, al igual que el drama en Romeo y Julieta, grande por el final ya conocido por muchos, pero apaciguado por la eterna compañía de los amantes.

Julieta dice que “el auténtico amor es más pródigo de obras que de palabras; más rico en la naturaleza que en la forma” De la misma manera, este vino, sin palabras innecesarias en su etiqueta o algún medio, sin presentaciones ostentosas, deja toda su virtud en su contenido, en su naturaleza misma. Es obra de un trabajo cuidado, gracias a una gran materia prima y un proceso que enaltece la cepa.

Los amantes logran casarse en secreto y sueñan con escapar, sin embargo el destino vuelve a separarlos por el odio que enfrenta a sus familias. Julieta bebe un brebaje que simulará su muerte, para evitar ser casada con Paris y poder esperar a su amado. Un brebaje algo espeso y refrescante, con una untuosidad similar a la del Merlot Reserva 2006 de Toscanini.

Romeo, no enterado de las intenciones de su amada y creyendo en su muerte, decide terminar con su vida. Julieta al despertar y descubrirlo, utiliza su daga para acompañar a Romeo. De esa forma termina una de las mayores obras de todos los tiempos y va llegando a su fin este pequeño homenaje.

El amor unió a dos personas destinadas a sufrir. Sus muertes unieron a dos familias enemistadas. Creo fervientemente que el vino elegido podrá unir a muchas personas, esperemos con mucho mejor resultado que el vivido por Romeo y Julieta.








viernes, 9 de julio de 2010

EL SABER NO OCUPA LUGAR

Este blog lo estoy construyendo día a día y a veces me doy cuenta de cosas que le podrían faltar. Por eso hoy agregaré algo que tal vez tendría que haber publicado hace tiempo ya, pero mejor tarde que nunca. Creo que es bueno, a la hora de hablar, escribir o leer sobre vinos, saber algunas de las características básicas de cada uva y las diferencias con otras. Si bien hay carreras universitarias al respecto y personas que estudian muchísimo acerca del tema, mi humilde aporte de hoy será una breve lista de cepas (las que más se encuentran por estos lares) y un enlace que permite conocerlas un poco más. Tal vez la fuente elegida pueda ser discutible (de eso mismo se trata Wikipedia, de compartir, conocer, mejorar y difundir el conocimiento), pero al mismo tiempo creo que es respetable.

Elegí 16 cepas entre las 4.000 existentes (aproximadamente). Muchas de las elegidas son materia prima de vinos varietales, otras tantas sirven para cortes o para resaltar alguna cepa pobre en determinado aspecto.


Las separaré en tintas y blancas, aunque vale la pena destacar que técnicamente se puede hacer un vino blanco de uvas tintas, ya que el color característico de la bebida se obtiene del contacto del jugo con las cáscaras. Por ello el color del vino obtenido de la Pinot Noir es más claro que el logrado en la Cabernet Sauvignon por ejemplo, ya que la cáscara de la primera cepa es más fina que la de la segunda.




Las uvas blancas de esta descripción son: Chardonnay, Gegüstraminer, Pinot Gris, Riesling, Sauvignon Blanc, Torrontés y Viognier.


Si están interesados en ver más, Wikipedia tiene una lista de 143 cepas (entre las cuales están las detalladas arriba). Para acceder al listado dejo el link AQUÍ.






miércoles, 2 de junio de 2010

PRIMER MARIDAJE

Durante varios días pensé en cuál sería el primer post, la primera combinación. Quise empezar con algo grande, como Onetti o incluso con Shakespeare, para maridarlo con un buen vino, con una complejidad que nos exigiera como consumidores, salir impresionando de primera. Sin embargo, me convencí que lo ideal sería comenzar de a poco, primero que nada por mí, para entrar en calor antes de empezar con grandes desafíos, y además por aquellos que sean lo suficientemente piernas de seguir este blog, por si se animan a probar algo de lo que escriba.

Por eso comenzaré con un best seller liviano acompañado de un vino fresco, agradable y sencillo de tomar.

El libro al que me refiero es la novela de Dan Brown "El Código Da Vinci" (del cual comentaré lo necesario, ya que muchos lo hemos leído). Más allá de los postulados literarios de cada uno, de creer o no que es una obra "comercial", es innegable que se trata de una novela entretenida, interesante, fácil de leer y sobre todo uno de esos libros que nos pide que sigamos. En sus páginas encontramos la receta perfecta de un éxito. Hay conspiraciones, sociedades secretas, interpretación de obras de arte famosas, dudas acerca de la Biblia, críticas a la Iglesia, misterios, códigos, un personaje interesante, un policía que se transforma a lo largo de la novela, un villano insospechado, homicidios, encubrimientos, fanatismo religioso. En definitiva, todo lo que un best seller no puede, no debe dejar de tener.

El vino que acompañaría bien este libro es el New Age (Bodegas Valentín Bianchi). Es un frizzante blanco argentino hecho a base de Malvasia y Sauvingnon Blanc que debe disfrutarse frío. Es muy suave, con tonos frutados tanto en nariz como en boca y una leve efervescencia que lo hace ideal para tomar en una noche tranqui con amigos, en pareja e incluso en un pub o discoteca. Sus más de 30 gramos de azúcar lo hacen dulce y sumamente agradable. Es el tipo de vino en que un sorbo nos pide otro. Su precio y rubro pueden parecer propios de un vino poco interesante, sin embargo, si bien no cuenta con la complejidad de otros, su humilde sencillez lo hacen digno de respeto. El color es amarillo claro, presagio de su frescura. Su aroma según los entendidos refiere a flores y frutos como la pera. Sin ir más lejos, la propia página web de la bodega dice que "La copa de New Age es una refrescante macedonia de frutos maduros y flores multicolores que nos recuerdan una mañana primaveral en la campiña". Resulta muy difícil decirlo mejor.

Es una interesante opción para acercarse al mundo del vino, como también El Código Da Vinci es una opción válida para empezar a leer algo.

Hay varios puntos en común entre las opciones que elegí. Para comenzar, grandes amantes del vino o de la literatura las considerarán como herejías, pero ambas cumplen perfectamente con sus propósitos. Son ideales para la primavera y el verano (estación que cada día extrañamos más). Ambos son difíciles de dejar de lado, tomar un sorbo de New Age o leer sólo un capítulo de El Código Da Vinci y resistir la tentación de seguir sería propio de una persona con un autocontrol envidiable (en lo personal, llegué a leer varios capítulos del libro en un día, y con respecto al New Age...).

Ambas opciones tienen un sin fin de sorpresas. El New Age en boca se comporta de forma espectacular, dejándose descubrir de a poco y sin esfuerzo, hallando en cada sorbo algo nuevo. Posee también una de las presentaciones de vinos más interesantes que he visto, pero no por el frente de su etiqueta en sí. Invito a aquellos que lo prueben que miren más allá de lo que se ve para descubrir otro punto en común con El Código Da Vinci, el arte. Las sorpresas dentro del libro y los ingredientes que nombré antes son justamente parte del encanto de esta novela. A aquellos que no la hayan leído, recomiendo dejar de lado sus rebeldías y atreverse a ver.

Las dos selecciones invitan a investigar, en el caso del libro muchos hemos entrado en discusiones o investigaciones acerca del Opus Dei, la Masonería, los Templarios, etc. Incluso nació aquí una moda de novelas plagadas de conspiraciones religiosas. Con respecto al vino, permite tomar la energía y valentía suficiente para lanzarnos a una opción algo más compleja, sería bueno que en este caso también se pusiera de moda, o al menos se le diera mayor importancia y nacieran más opciones nacionales de esta categoría.
Espero que les haya gustado, en unos días seguiremos leyendo y disfrutando de algún vino para poder seguir compartiendo esta aventura y realizar más combinaciones.

Cualquier sugerencia será más que bienvenida.
Muchas gracias.


P.D.: Existe en Argentina un New Age Bloody, hecho a base de Malbec y Merlot. Ojalá no pase mucho antes que se pueda disfrutar en esta margen del Río Uruguay.


jueves, 27 de mayo de 2010

COMIENZA LA AVENTURA

Tal vez muchos crean que es un pensamiento muy alternativo, pero el leer y el disfrutar de un vino tienen muchos puntos en común.

Ambos necesitan un determinado estado del alma.

No es el mismo sentimiento que nos aborda cuando leemos a Borges que cuando disfrutamos de un best seller liviano pero entretenido. De igual forma, una reunión con amigos (o cualquier otra situación) puede pedir una botella que nos exija como consumidores, mientras que otra reunión un vino fácil de tomar.

Otro punto en común es que no necesitamos ser expertos en la materia para disfrutar de un buen libro o un gran vino, aunque siempre hay excepciones que requieren un entrenamiento previo para apreciarlos cabalmente. Al enfrentarnos a un libro o a un vino, existen expectativas, deseos, sueños, sensaciones por descubrir, decepciones (¿por qué no?), gratas sorpresas y finales obvios.

Afirmar que la lectura o que la degustación de un buen vino no son de nuestro agrado parece difícil, ya que con la cantidad casi infinita de variedades existentes tanto en un rubro como en el otro, hace muy complicado no encontrar absolutamente nada que nos guste. Como todo en la vida, hay que saber buscar y muchas veces cruzarse con aquello que no queremos repetir, para al final encontrar aquello que nos llena.

Muchas veces se habla del maridaje de un vino con una comida, o de un libro con un momento determinado de nuestras vidas. La aventura comenzará entonces aquí y ahora, tratando de generar un maridaje entre libros y vinos. Onetti tendrá las sorpresas y asperezas propias de un Tannat, Neruda la suavidad de un Merlot, Katzenbach la compleja sencillez de un Cabernet Sauvingnon y Shakespeare irá bien con absolutamente todo.

Espero ser acompañado, aplaudido y también criticado en este camino que me he propuesto. No soy ni seré dueño de ninguna verdad, y los comentarios aquí vertidos estarán absolutamente cargados de subjetividad.

Espero recibir muchas críticas y sugerencias... Ahora, a leer y beber para poder escribir...

Hasta la próxima.