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miércoles, 17 de abril de 2013

UN VINO QUE CAMBIA SIN CAMBIAR

Comenzando el año tarde como de costumbre, apurado por lo urgente y utilizando mal el poco tiempo restante, lo importante se va relegando. Pero clama bien profundo y necesita a veces salir de alguna manera. Hoy la lectura participante de este viaje será “El retrato de Dorian Gray” de Oscar Wilde.

Antes de comenzar en el maridaje de hoy, haré una salvedad acerca de la última película del mismo nombre. Sabido es que la enorme mayoría de las veces, las películas son de inferior calidad al libro en el que se inspiran. La versión fílmica de El retrato de Dorian Gray lleva esa inferioridad a niveles nunca antes vistos.

Hecho el desahogo (no consultado, como casi todos los desahogos que vale la pena hacer), pasaré a comentar algo acerca del libro. Para aquellos que no tengan idea de qué se trata se podría resumir como un tratado sobre el poder de la belleza, el peligro del narcisismo,  las ansias de juventud y la corrupción del alma de aquél que adopta como camino de vida la avaricia y desenfreno, o en vocabulario de puritanos, el pecado.

Dorian Gray es un joven de la Inglaterra de fines del siglo XIX que se caracteriza por su encanto (en todo nivel). Un día es retratado y desea en silencio que la belleza y juventud reflejadas en la obra de arte se mantengan por siempre. Alejandro Molina (personaje de Alejandro Dolina) comenta que los retratos tienen esa capacidad de decirnos que la persona retratada ya no está, ya sea en su totalidad o simplemente por el paso del tiempo.

Sin saber muy bien cómo ni por intervención de quién (algunos lo adjudican al demonio, personificado por Lord Henry, amigo de Dorian Gray de carácter cínico e irónico), su deseo se hace realidad y las consecuencias del paso del tiempo se hacen notorias en el retrato, más no en su propio cuerpo. No sólo las consecuencias físicas, como puede ser la aparición de una arruga o mancha, sino las consecuencias morales, es decir, el peso de una conciencia que gritaría y no dejaría dormir.

El vino que acompañe nuestra lectura hoy debe ser tinto indudablemente, acompañando la oscuridad del relato. Tiene que ser complejo, mantenerse con el correr del tiempo y tener una estructura importante.

Debe presentarse con sus mejores ropas, con un gran perfume y dejar un recuerdo en el alma. De la misma manera que Dorian Gray (y algunas personas fantásticas del mundo de la literatura y el real) cambian el ambiente en una habitación a la que ingresan, el vino elegido debe  transformar la copa en la que se sirve y a quien lo toma. De la misma forma que alguien puede pensar “ayer conocí a una persona cautivante”, un vino puede generar una sensación similar.

Decididamente se trata de un Tannat, pero de uno muy particular. Hoy será el Tannat Osiris 2005 de Antigua Bodega Stagnari, un vino que agradece el paso del tiempo y mejora día a día y año a año.

Muchas veces el Tannat es avaro de aromas, pero en este caso, al dejarlo un poco en la copa se siente una serie de perfumes que lo hacen muy elegante y distinguido. Aparecen aromas a frambuesas y moras sobre una base de notas especiadas logradas gracias a su larga guarda en roble americano, el cual otorga más rápidamente las características deseadas al vino que su pariente francés. Tal vez si Dorian Gray hiciera un vino pensando en sí mismo se decantaría por esta opción de barrica, ya que cuenta con la vorágine que él imprimió a su vida.

Para disfrutar plenamente de este vino es necesario decantarlo para que se airee y despierte de su largo sueño. Allí marcará su antigua juventud inalterada, como la de Dorian Gray. Dejará en su botella, como si se tratase de su propio retrato, alguna aspereza propia de los sedimentos de su elaboración, así como el retrato oculto de Gray marcaba sus asperezas morales a través de los años.

En boca es suave, sedoso pero al mismo tiempo con gran estructura y personalidad. Pasa de forma dulce pero con una lejana astringencia propia del discurso de alguien encantador que está en continuo proceso de engaño y un poco de cinismo. No necesariamente producto de una mala intención, sino de una juventud eterna, de la inocencia de la belleza.

Según el autor, se puede “Curar el alma por medio de los sentidos y los sentidos por medio del alma…”, si esto es así, una buena cura para un alma inquieta será una copa de este vino, o acaso, y volviendo a ser puritanos, un premio para un alma que deja dormir y no grita cuando todo se apaga.

Dorian Gray al final cree que matando el reflejo de su alma se deshará de sus tormentos, sin entender (quizá por la falta de pausa y reflexión de su vida) que esos tormentos, ese retrato, esa cara corrompida de cada uno de nosotros es parte de lo que somos. En el mejor de los casos para ir por otro camino. En otros se trata del orgullo que brinda el espejo día a día. Brindemos por ambos, por quienes nos enseñan por dónde ir y por quienes nos muestran, a veces de forma más útil, qué caminos se deben evitar si no queremos sentir gritos en medio del silencio.

lunes, 22 de octubre de 2012

VINO Y LIBRO PARA DISFRUTAR LENTAMENTE


La mezcla perfecta entre haraganería y falta de inspiración hizo que estuviera todos estos meses sin escribir, hasta que hace pocos días recordé un libro que leí hace muchos años y pensé en qué vino podría acompañarlo. El libro en cuestión se trata de “Un minuto para el absurdo” de Anthony de Mello. Un libro con más de 300 pequeñas enseñanzas de un maestro hindú a sus discípulos. No es un libro de autoayuda, aunque en sus páginas podemos encontrar consejos que nos daría un amigo poético, o un psicólogo realmente interesado.

La idea del libro como lo indica en su prólogo es lograr en nosotros un despertar, pero no de una forma Cohelísitica plagada de lugares comunes, sino de llegar a aquello que ya sabíamos y, o nadie nos lo había dicho de esa forma, o aún no queríamos ver. Es un libro que trata de sorprender, y esa es la primera característica en común con el vino que usaremos para esta combinación.

El vino en cuestión se trata del Tannat, Syrah, Viognier de Pisano. ¿Por qué sorprendente? Por lo bueno que es para comenzar, y por lo bien que le quedó a esta gran bodega uruguaya la combinación de dos cepas tintas con una blanca. No es la primera vez que escribo sobre vinos que combinen ambos tipos de uva, pero creo que este es un caso mucho más amable y sencillo para comenzar a degustar este tipo de vinos.

El libro habla de nuestro día a día. Nuestros miedos, esperanzas, preguntas, celos, envidias, dudas… en definitiva, los ingredientes de las charlas más amenas y apasionantes y el detrás de nuestros más íntimos brindis.
La segunda característica de cada uno es lo vivaz de sus colores. Esa pequeña cantidad de Viognier en el vino de Pisano le da un brillo muy particular para un tinto, brillo similar al que surge de las palabras impresas en negro sobre el papel blanco del libro. Esta aclaración es simplemente para recordar que muchas veces no se necesita de colores para hacer algo colorido, pero algo muy colorido puede perfectamente ser oscuro si no tiene aquello que lo hace brillar. Tanto en uno como en otro caso de nuestra combinación, aquello que lo hace brillar es el deseo. El deseo de algo nuevo, el deseo de algo mejor, el deseo de algo distinto. La lucha contra lo seguro y el lugar común. Es mucho más fácil hacer un tinto “puro” (sin desmerecer ni un instante a quienes toman este camino), o un libro líneal, pero cuando nos ponemos a nosotros mismos en lo que estamos haciendo, cuando cada palabra, cada idea, cada gesto o cada copa habla de nosotros, eso es un elemento que marcará un cambio. ¿Puede no gustarnos? Obviamente que sí, pero seguramente que no pasará desapercibido.

Creo que ambos elementos de nuestro maridaje de hoy se basan en la fe y el creer. Pero no necesariamente una fe o creencia religiosa, sino mucho más profunda tal vez. La fe en todo y la creencia en lo que se hace. Vale aclarar también que no se trata de un libro religioso a pesar de las muchas referencias a Dios. Según este maestro “El ateo comete el error de negar algo de lo que no puede decirse nada, y el teísta comete el error de afirmarlo.” La libertad de expresión en su máxima potencia trae esta frase y otras tantas del libro, así como la confección de un vino tan particular de una bodega tan peculiar.

Peculiar por el orgullo que sus propietarios sienten por cada producto que lanzan y por la participación de todos ellos en sus particulares publicidades.
Tanto este libro como el vino puede ser criticado por los puristas. El vino por lo que comentaba antes de aquellos fanáticos del vino de la vieja escuela. El libro por quienes lo tomen como una serie de páginas de pequeños diálogos, quienes no vean el todo, quienes le otorgan contenido al dicho oriental que cita el libro al hablar de las doctrinas cuando se toman como auténticas descripciones en vez de puntos de referencia “Cuando el sabio señala con el dedo la luna, lo único que ve el idiota es el dedo.”

Los aromas de este vino son dulces como la mayoría de las palabras del libro, el cual, al igual que el Tannat, Syrah, Viognier, nunca pierde un toque de acidez para ser totalmente agradable sin empalagar en ningún momento. La estadía en roble le da una marcada personalidad y la confirmación de lo positivo que fue la paciencia en la elaboración de este vino. Paciencia necesaria según el prólogo del libro, ya que recomienda beberlo de a poco, disfrutarlo sorbo a sorbo, página a página, descubriendo en cada oportunidad algo nuevo, algo distinto.

Obviamente que tanto este vino, este libro, como esta idea no tienen jamás el éxito asegurado, para ello se necesita de algo más que algunos catalogan suerte, otros justicia y algunos más escépticos casualidad. Pero de todas formas, aunque es ingenuo creer que la sola voluntad alcanza para lograr lo que uno se propone, es el mejor de de los puntos de partida ingenuos en el que podemos pararnos frente a la vida.

"Las mejores cosas de la vida no se obtienen por la fuerza.
                                                                   
Puedes obligar a comer, pero no puedes obligar a sentir hambre;
puedes obligar a alguien a acostarse, pero no puedes obligarle a dormir;
puedes obligar a que te elogien, pero no puedes obligar a sentir admiración;
puedes obligar a que te cuenten un secreto, pero no puedes obligar a inspirar confianza;
puedes obligar a que te sirvan, pero no puedes obligar a que te amen".





miércoles, 15 de febrero de 2012

ALFREDO: MIRTA VA EN CAMINO



Este es sin dudas el post más personal que he escrito, ya que irá dedicado a alguien a quien hace pocos días el mundo se dio el lujo de perder. Se trata de una amiga entrañable de la familia, de una gran amiga mía y de una de las personas más encantadoras que he conocido. Me refiero a Mirta Acevedo, y aunque para muchos ese nombre no dice nada, se le debe mucho. Dueña de una voz privilegiada, allanó el camino para que muchas mujeres entraran a los medios de comunicación, siendo pionera en la década del 50 junto a Cristina Morán entre otras, trabajando en radio y televisión durante décadas. Si poco se ha dicho en estos días, es por su expreso deseo.

Cientos de almuerzos, charlas y brindis por la vida, hasta en los momentos más oscuros, compartimos con Mirta, quien siempre tenía la palabra de aliento justa y necesaria, para cambiar el rumbo de ese día, de esa vida, de nuestra vida. En su agenda tenia a mi familia bajo un rótulo que debería ser más utilizado: “amigos incondicionales”. Sus historias, anécdotas y recuerdos deberían tener el lugar que merecen, y sin duda en algún momento lo tendrán.


El libro que hoy usaré, fue un regalo mío hacia ella, que luego de terminar de leerlo me lo prestó, y nunca se lo pude devolver. Además, el autor fue su amigo personal, y su nombre e historia estuvieron muchas veces en la mesa, alejándonos del mito y acercándonos al hombre. Se trata de Alfredo Zitarrosa, probablemente la mejor voz que hayamos tenido junto a la de Carlos Gardel. Pero además, gran poeta, escritor y sobreviviente. Se trata (nunca mejor elegido el nombre), de “Sonríe muerte”, publicación de editorial Planeta donde se transcribe un manuscrito dejado por Zitarrosa en 1962, pero nunca publicado hasta hace su primera edición en agosto de 2011. Los textos están expuestos de la forma en que estaban escritos por Zitarrosa. Es un libro de gran profundidad y oscuridad, escrito por un alma que iba penando por su historia, su presente y su futuro.


El vino que lo acompañe será uno igual de oscuro, pero también de brillante. Una ambigüedad requerida para acompañar a Alfredo Zitarrosa, ya sea en su prosa o en su música. También representativo de lo que somos como pueblo sobreviviente. Se trata del Tannat Viejo2009 de Vinos Finos H. Stagnari. Tal vez no sea el vino ideal para esta época donde el cuerpo pide algo más fresco, pero es el vino ideal para este maridaje.


Este vino es una máquina de ganar premios a nivel internacional, siendo el vino uruguayo más premiado. De igual forma, Alfredo Zitarrosa, no el cantante, sino el escritor, ganó varios premios por sus obras, incluso antes de su debut en la faceta que todos le conocemos.


Al llegar a la copa lo notamos con un color rojo oscuro, profundo. Se nos presenta con sus mejores galas, a la espera de nuestra complicidad. De igual forma comienza Sonríe Muerte, dejando en claro desde su primera página a lo que nos enfrentamos, al trabajo del corazón de un hombre herido.


Alguien tendrá algún día

mi vida en torno a sí girando

el puño cerrado sobre mí

mi recuerdo en su grande nostalgia.

Algún día seré por fin ligero

y vendrán aires, sin embargo,

y nada en mí se moverá.


Tanto el vino que elegimos, como el libro y cualquier otra empresa que deseamos tenga éxito, debe provenir de la fe. Pero no necesariamente una fe religiosa, como Alfredo la tenía y lo demuestra en sus “Diálogos con mi señor”, sino en el camino elegido. La gente de Stagnari así lo entendió también y consiguió, con mucho esfuerzo, un gran representante de nuestra cepa insignia.


Sin lugar a dudas que para ambos elementos del maridaje de hoy necesitamos un estado del alma muy particular para comprenderlos cabalmente, y hasta un conocimiento previo. Al prestarme el libro, Mirta me dijo “es muy oscuro, es él”. Tal vez sea muy difícil llegar a esa idea al no conocer al hombre, salvo por las historias recibidas.


En boca se despliega con gran sabor y con taninos presentes pero que no incomodan. Su acidez es la justa y necesaria para hacerlo un vino a disfrutar paso a paso, sin apuro. El libro es igual, cada hoja nos deja ver una pena distinta, pero jamás una queja. Una pena interna, una introspección sincera expresada en “Del Pensar”(IV):


Vuelvo a pensar en mí.

Cumplo mi paso, en mí pensando

una vez más.

Y dentro de mí, pensar

no es solo acaso pensar,

sino que acabo de entrar en tal habitación

de caminar por calles húmedas,

y sigo en mí.


El Tannat Viejo 2009 es muy intenso en sus aromas, con notas dulces como las tenían tanto el autor del libro como a quien va dedicado el post de hoy. Una anécdota prueba de la dulzura de Zitarrosa, es que su tema "Dulce Juanita" está dedicada a una canarita de él, que murió, y tanto le dolió, que jamás pudo cantar esa canción en vivo.


Se trata de un vino para tomar acompañado y de frente a la vida. No con personas que aunque estén parecen distantes.


Silencio era silencio

en tu entorno

y yo en él entrando,

mientras tú navegabas

llevando siempre en torno a tí

ese halo inmóvil.

(Del Pensar, IX)


Hay decenas de mitos sobre Alfredo Zitarrosa y ahora una realidad. Se ha reunido con una gran amiga.


Sonríe muerte. Mírame.

Mírame sonreír.


Sonríe muerte, que en tu mesa te acompaña alguien que vale la pena escuchar y que se ríe de vos, se ríe con vos.


Salud gorda, por la vida.


Hasta siempre.




lunes, 8 de noviembre de 2010

UNA AVENTURA QUE SURCA LOS MARES

Para este primer maridaje de noviembre y la segunda entrada del mes nos iremos directamente al mar. Uno de los componentes de la combinación de hoy recibe su nombre gracias a una pequeña parte de nuestra historia, más específicamente, de la historia de nuestro río ancho como mar. El otro elemento de este maridaje viene desde mares al otro lado del mundo.

El libro de hoy es de Emilio Salgari, un escritor italiano de la segunda mitad del siglo XIX. Estoy hablando del libro Sandokán, la primera novela protagonizada por ese personaje. Es un príncipe de Borneo que decide dedicarse a la piratería con el nombre de “Tigre de la Malasia”. No elige este camino para apoderarse de tesoros, sino para vengarse del imperio británico que lo sacó de su trono y asesinó a su familia.

Un siglo antes de las aventuras de este príncipe, se hundía en las costas de Montevideo, más precisamente frente al barrio costero Punta Gorda, un galeón español con un gran cargamento de oro y plata. El cargamento, objetivo de los piratas que lo hundieron se considera uno de los diez mayores tesoros sumergidos en el mundo. Para aquellos que aún no sepan cuál es ese barco, se trata de El Preciado, el cual fue homenajeado por la bodega Castillo Viejo en un tinto de corte de alta gama. Para este vino cosecha 2002 se utilizó un cincuenta y seis por ciento de Cabernet Franc, un veinte por ciento de Merlot, un dieciocho por ciento de Tannat y un seis por ciento de Cabernet Sauvignon.

Hecha la presentación, comienzan los factores que hacen que este vino y el libro en cuestión mariden perfectamente. Por supuesto que el nombre y la presencia del galeón en la botella hacen que la relación con piratas o flotas mercantes a vela nazca inmediatamente. Pero más allá de eso está la aventura. Si bien en un caso está en riesgo mucho más que el otro, pero se necesita valentía para surcar los mares del sudeste de Asia, o para generar un corte de alta gama, con la esperanza que todo el esfuerzo (no sólo económico, sino de las expectativas puestas en el vino) valga la pena. Por suerte una vez más nos encontramos con un vino uruguayo que no es la excepción, y Castillo Viejo logró un gran vino que por ejemplo, ganó en su categoría en el concurso “El consumidor elige” del “XV Salón Nacional del Vino”.

El autor describe a Sandokán de la siguiente forma: “Era alto, vigoroso, de robusta musculatura, facciones enérgicas, feroces y de rara belleza”. Esta descripción se podría utilizar perfectamente como alegoría para describir lo que se siente en boca cuando este gran vino pasa por ella. Su volumen y untuosidad hacen que la primera impresión sea de un vino sublime, como esas personas que al entrar a un lugar lo llenan con su presencia, justamente como un príncipe alto y de facciones enérgicas. Los taninos están presentes, pero algo dulces y muy gentiles, propios de la caballerosidad de un pirata que supo ser de la realeza. El Preciado de Castillo Viejo promete durar mucho, tanto o más que las aventuras de nuestro personaje.

Es un vino orgulloso, seguro de lo que puede brindar y de lo que es. Sus casi dos años y medio de añejamiento (catorce meses en barrica y quince en botella), la combinación entre barricas de roble americano y francés con diferentes tostados y de diferentes tonelerías, le otorgan a cada botella una presencia que merece ser presentada con grandeza. De igual forma se presenta Sandokán diciendo: “Hay un hombre que impera sobre los mares que bañan las costas de las islas malayas, un hombre que es el azote de navegantes, que hace temblar a las gentes y cuyo nombre suena como una campana fúnebre. ¿Has oído hablar de Sandokán, llamado también el Tigre de la Malasia? Mírame la cara. ¡El Tigre soy yo!” La bodega Castillo Viejo está en condiciones de clamar por tener un vino que se destaca en la mesa o en cualquier cava, que a pesar de su tiempo sigue con la energía de un joven, que desafía los sentidos dejando misterios en la boca y la nariz, para seguirlo conociendo, que a pesar de probarlo cien veces, siempre mostrará una nueva sorpresa.

Sus aromas son complejos y exóticos. Se puede sentir tonos de chocolate y vainilla, con destacados matices frutales y especiados, como clavo de olor. Aromas de las tierras de Yañez, el ayudante portugués de nuestro personaje. Quizás aromas de las maderas que formaban su orgulloso barco, o tal vez propios de los tupidos bosques en los que Sandokán se escondía para escapar de los ingleses, o de quienes no querían su relación con Mariana, su gran amor.

Su color es púrpura con ribetes violáceos, oscuro como los ojos del príncipe despojado de su reino, pero con la vivacidad de quien tiene un objetivo. Al mismo tiempo posee una profundidad propia de un alma noble como su contenido y nuestro héroe. Tal vez esas noches en las que con su barco surcaba los mares en busca de una de las tantas islas de los mares de Malasia, tenían la oscuridad y el brillo propios que encontraremos en cada copa de El Preciado.

Un vino como este, sea cual sea la bodega no puede nacer sin ayuda del amor a lo que se hace y a lo que brinda la naturaleza. Ese amor que derrota hasta a la venganza más deseada. Sandokán, a pesar de perderlo todo frente a los ingleses y entender que “no soy pirata por avidez, soy justiciero, el vengador de mi familia y de mi pueblo, nada más”, encontró en unos ojos azules como el mar que acunó a El Preciado y al barco de nuestro héroe, el amor que le hizo dudar de sus propósitos: “Si quieres iré a destronar a un sultán para darte un reino; si deseas ser inmensamente rica, saquearé los templos de la India y de Birmania para cubrirte de diamantes y de oro… si me pides que renuncie para siempre a mis venganzas y que el pirata desaparezca, incendiaré mis praos para que nadie pueda piratear, despediré a mis hombres e incendiaré mis cañones. Habla, dime lo que quieres”.

Los dos componentes del maridaje de hoy merecen respeto y tiempo. Respeto porque se lo han ganado y tiempo porque es la mejor forma de disfrutarlos. Un vino como este debe ser decantado o al menos permitirse airear para que brinde todo de sí. Este libro merece tiempo, para entender que muchas veces intentar devolver el daño que se nos ha causado es bajeza de espíritu, que siempre será vencido por nobles sentimientos, y nobles vinos como El Preciado de Castillo Viejo.

viernes, 9 de julio de 2010

EL SABER NO OCUPA LUGAR

Este blog lo estoy construyendo día a día y a veces me doy cuenta de cosas que le podrían faltar. Por eso hoy agregaré algo que tal vez tendría que haber publicado hace tiempo ya, pero mejor tarde que nunca. Creo que es bueno, a la hora de hablar, escribir o leer sobre vinos, saber algunas de las características básicas de cada uva y las diferencias con otras. Si bien hay carreras universitarias al respecto y personas que estudian muchísimo acerca del tema, mi humilde aporte de hoy será una breve lista de cepas (las que más se encuentran por estos lares) y un enlace que permite conocerlas un poco más. Tal vez la fuente elegida pueda ser discutible (de eso mismo se trata Wikipedia, de compartir, conocer, mejorar y difundir el conocimiento), pero al mismo tiempo creo que es respetable.

Elegí 16 cepas entre las 4.000 existentes (aproximadamente). Muchas de las elegidas son materia prima de vinos varietales, otras tantas sirven para cortes o para resaltar alguna cepa pobre en determinado aspecto.


Las separaré en tintas y blancas, aunque vale la pena destacar que técnicamente se puede hacer un vino blanco de uvas tintas, ya que el color característico de la bebida se obtiene del contacto del jugo con las cáscaras. Por ello el color del vino obtenido de la Pinot Noir es más claro que el logrado en la Cabernet Sauvignon por ejemplo, ya que la cáscara de la primera cepa es más fina que la de la segunda.




Las uvas blancas de esta descripción son: Chardonnay, Gegüstraminer, Pinot Gris, Riesling, Sauvignon Blanc, Torrontés y Viognier.


Si están interesados en ver más, Wikipedia tiene una lista de 143 cepas (entre las cuales están las detalladas arriba). Para acceder al listado dejo el link AQUÍ.






miércoles, 9 de junio de 2010

SEGUNDO MARIDAJE

"El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 6:30 de la mañana". Así comienza una obra emblemática de la literatura latinoamericana. Gabriel García Márquez, con su prosa inconfundible presenta de esa forma Crónica de una muerte anunciada. La novela se desarrolla con un sin fin de elipsis temporales que no hacen otra cosa que mostrarnos que cuando el destino es uno, por más obstáculos que se le pongan en el camino, la muerte rigurosa llegará a su destino. Los sabores literarios se repiten una y otra vez, haciéndonos recordar lo que sentimos hace pocos instantes, hace pocas páginas. Una misteriosa historia de amor, una decidida y sangrienta búsqueda de recuperar el honor manchado por una hermana que quiso ser libre. Un pueblo casi tan culpable de un crimen como sus propios autores.

Bayardo San Román, un millonario forastero llegado hace poco a la ciudad, decide casarse con Ángela Vicario, pero la noche de bodas "devuelve" la novia por darse cuenta de que no era virgen. Es allí cuando Pedro y Pablo Vicario deciden matar a Santiago Nasar, luego que Ángela lo señalara como el autor de su primera vez. Según varios testimonios que se dan a lo largo de la obra, escrita justamente como una crónica, los gemelos hicieron todo lo posible para que alguien impidiera su venganza.

Es una historia de amor, desamor y amor nuevamente. Ángela Vicario se casó sin estar enamorada habiendo amado a alguien más, luego, con el correr del tiempo y ya sin él, se enamoró de San Román, buscándolo hasta el cansancio. Tal vez si hubiera hecho alguna de las trampas recomendadas por sus amigas para engañar a su reciente marido, podría haber sido felizmente la mujer de Bayardo San Román.

Es un atrevimiento hablar de méritos que pueda tener García Márquez, pero para no dejarlos pasar diré que es uno de los pocos libros capaces de atraparnos sabiendo su final desde el primer párrafo. Pero entonces podrá surgir una duda, ¿por qué continuamos ahondando en la lectura de algo cuyo desenlace conocemos?

Al igual que en el caso de un libro de Gabriel García Márquez (o cualquier autor con un estilo marcado), hay determinadas bodegas de las que ya tenemos una determinada opinión que permiten saber con qué nos vamos a enfrentar. Algunas veces nos sorprenden gratamente, otras de forma negativa y a veces nos dan exactamente lo que estábamos buscando.

En el caso del Tannat RPF 2006 de Pisano encontramos un muy buen exponente de nuestra cepa estrella con algunas sorpresas más que agradables. Pisano es una gran bodega uruguaya acostumbrada a realizar muy buenos vinos, y éste no es una excepción. Es un vino que seguimos degustando incluso luego de tomarlo, por una suave astringencia propia de sus taninos aterciopelados por el paso del tiempo. Su color oscuro e intenso es parecido, al menos en mi mente a "las ciénagas cubiertas de anémonas moradas" que se podían observar desde la casa del viudo de Xius, lugar donde San Román sufriera su mayor desilusión. Su aroma es complejo, como el de todos los tannat, pero se siente la presencia de la madera y algún aroma frutal difícil de reconocer (ciruelas maduras según la nota de cata).

Su sabor es persistente, con un gran y duradero final de boca. Queda en el recuerdo como las veces que como lectores quisimos evitar la muerte de Santiago Nasar, como el digno dolor que sintió y sobrellevó San Román, como las declaraciones de aquellos que realmente quisieron hacer algo para evitarlo, pero el destino no se los permitió. Como el obispo que se va por el río sin siquiera haber puesto pie en el puerto, como el libro que se termina con casi tantas preguntas como al principio. Como no saber si Santiago Nasar fue víctima no sólo del homicidio sino también de una mentira.

Se siente la madera en la boca, llevándonos al muelle del pueblo, o tal vez a las mesas de la tienda de Clotilde Armenta, frente a la casa de Santiago Nasar, donde quizás, con un vino de por medio, hubieran podido los gemelos Vicario pedirle explicaciones y evitar así un crimen. Pero al evitarlo, hubieran impedido la realización de Crónica de una muerte anunciada.

"El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 6:30 de la mañana". Él estaba destinado a morir, para la conciencia de la familia Vicario, para la culpa de muchos, para alivio de pocos, para generar esta historia y ahora, para ser parte de esto.

jueves, 27 de mayo de 2010

COMIENZA LA AVENTURA

Tal vez muchos crean que es un pensamiento muy alternativo, pero el leer y el disfrutar de un vino tienen muchos puntos en común.

Ambos necesitan un determinado estado del alma.

No es el mismo sentimiento que nos aborda cuando leemos a Borges que cuando disfrutamos de un best seller liviano pero entretenido. De igual forma, una reunión con amigos (o cualquier otra situación) puede pedir una botella que nos exija como consumidores, mientras que otra reunión un vino fácil de tomar.

Otro punto en común es que no necesitamos ser expertos en la materia para disfrutar de un buen libro o un gran vino, aunque siempre hay excepciones que requieren un entrenamiento previo para apreciarlos cabalmente. Al enfrentarnos a un libro o a un vino, existen expectativas, deseos, sueños, sensaciones por descubrir, decepciones (¿por qué no?), gratas sorpresas y finales obvios.

Afirmar que la lectura o que la degustación de un buen vino no son de nuestro agrado parece difícil, ya que con la cantidad casi infinita de variedades existentes tanto en un rubro como en el otro, hace muy complicado no encontrar absolutamente nada que nos guste. Como todo en la vida, hay que saber buscar y muchas veces cruzarse con aquello que no queremos repetir, para al final encontrar aquello que nos llena.

Muchas veces se habla del maridaje de un vino con una comida, o de un libro con un momento determinado de nuestras vidas. La aventura comenzará entonces aquí y ahora, tratando de generar un maridaje entre libros y vinos. Onetti tendrá las sorpresas y asperezas propias de un Tannat, Neruda la suavidad de un Merlot, Katzenbach la compleja sencillez de un Cabernet Sauvingnon y Shakespeare irá bien con absolutamente todo.

Espero ser acompañado, aplaudido y también criticado en este camino que me he propuesto. No soy ni seré dueño de ninguna verdad, y los comentarios aquí vertidos estarán absolutamente cargados de subjetividad.

Espero recibir muchas críticas y sugerencias... Ahora, a leer y beber para poder escribir...

Hasta la próxima.