miércoles, 23 de marzo de 2011

MARIDAJE FREUDIANO

Volvió leerybeber luego de tanto tiempo, primero por unas vacaciones, tal vez no merecidas pero sí necesarias, y luego por falta de tiempo. Pero por suerte se hizo un tiempo y hoy puedo compartir con ustedes un maridaje que tenía pensado hace tiempo para comenzar un 2011 que se viene con todo.


Como lo indica el título, hoy la combinación viene desde el subconsciente, desde el mundo de la psicología. Los integrantes serán el libro La locura uruguaya de Gustavo Ekrot y el vino Puzzle, de Plaza Vidiella – Giménez Méndez.


Este vino es una combinación de quince cepas distintas, once tintas y cuatro blancas en exactamente la misma proporción. De allí su nombre comercial y su primera relación con el libro. La locura uruguaya supo ser un best seller en nuestro país y es una de tantas obras del reconocido psicólogo Gustavo Ekrot. En esta obra intenta explicar por qué los uruguayos somos como somos y por qué hacemos lo que hacemos. A través del uso de historias, ejemplos y cuestionarios trata de hacernos entender cómo mejorar nuestro relacionamiento con el mundo que nos rodea y con uno mismo. A no confundirlo con un libro de auto ayuda (aunque podría usarse como tal), es un ensayo acerca de las características de una sociedad muy particular. “Los uruguayos somos buena gente. Con gran capacidad de amar y de entregarnos a los demás. Somos sobrevivientes del caos, hijos pródigos de la limitación (si no fuera así, nuestro país estaría desierto), somos la herencia de nuestro tiempo, las ganas de cambiar, la fuerza de creer y la pasión de ser. ¿Qué sucede entonces con nosotros? ¿Por qué la bronca y el fracaso? ¿Por qué ocultamos todo lo bueno, lo puro, lo perfecto que hay en nosotros?”


La relación con el libro es justamente el puzzle de características, virtudes y defectos que no es patrimonio de los uruguayos sino de todos nosotros. Somos una combinación de elementos que son mucho más que sólo su suma. Mucho más que “Dioses o demonios”, más allá de lo negro y lo blanco que según Ekrot, y creo que está en lo cierto, solemos pensar los uruguayos. Tal vez personas de otras partes se sientan identificados, y es obviamente en el fondo todos somos similares. Mucho más los de esta zona del planeta.


El vino puzzle tiene once variedades tintas, a saber: Tannat, Cabernet Franc Cabernet Sauvignon, Marselán, Pinot Noir, Pinot Meunier, Petit Verdot, Arinarnoa, Merlot, Syrah y Alicante Bouschet. Todas ellas, al igual que cada una de las características de una persona, le dan una forma de ser única. Con dulzura y aspereza, con suavidad pero personalidad, con carisma y misterios, con cosas por descubrir y otras que se notan a simple vista.


La perfección, no existe, comienza uno de los puntos del primer capítulo del libro, el cual habla de aceptar a los demás y a uno mismo como lo que son, personas falibles. Con el vino pasa lo mismo, no habrá un vino perfecto, pero si muchos que lograrán satisfacer las necesidades y los deseos de muchos. La discusión sobre si el vino Puzzle es perfecto tendrá tantos argumentos como paladares por los que pase, pero lo que no será discutible es que la aventura detrás sí es perfecta, la aventura de soñar, jugar y probar con aquello que a uno le apasiona y lograr un producto distinto, único, como quien lo realizó.


El vino que hoy colabora en el maridaje también tiene cuatro cepas blancas: Chardonnay, Sauvignon Blanc, Viognier y Chenin. Todo esto le agrega complejidad y personalidad, la misma que yo y quienes leen lo tienen. De la misma forma que cuando comenzó este blog hablé de las similitudes entre el beber y el leer, perfectamente se podría hacer una alegoría entre un vino y una persona. ¿Cuántos vinos conocemos que no nos dicen nada? ¿Cuántos vinos piensan que son mucho más de lo que realmente son? ¿Cuántos vinos nos sorprenden gratamente cuando no dábamos nada por ellos? ¿Cuántos tienen un perfil bajo y nos dejan el más agradable de los recuerdos? ¿Cuántos nos decepcionan? ¿Cuántos nos alegran el día? ¿Cuántos queremos volver a ver? ¿Cuántos queremos ver toda la vida?


El libro continua en una serie de relatos acerca de personajes que, aunque exagerados, todos conocemos, incluso muchos de ellos somos nosotros mismos. Personas que dejan todo para otro día, que se quejan por quejarse, por el deporte nacional del quejismo, de personas que no vemos lo bueno en nosotros, o en otros, quienes no pueden enfrentar ni el más mínimo problema. El vino tiene un color tinto intermedio y es fácil de beber a pesar de la complejidad de su elaboración. Se presenta de forma amable con aromas frutales y un sabor delicado.


Tal vez sea como una persona interesante de conocer, simpática, con una buena presencia y sobre todo, un montón de aristas interesantes por descubrir. El propio enólogo que lo realizó lo describe como “…un tinto que yo recomiendo para personas que empiezan a descubrir el mundo del vino, porque carece de gran estructura tánica pero tiene aromas seductores. Por eso es ideal para los jóvenes”.


El libro da varios consejos para posponer una de las mayores cualidades del uruguayo (y del ser humano), que es la postergación del comienzo de los proyectos. Seguramente quienes hicieron Puzzle las llevaron adelante y solo por eso merecen un reconocimiento.


Tanto el libro como el vino tienen un sinfín de aristas que llevaría muchísimas más palabras describirlas, por eso como siempre, recomiendo probar ambos, pero particularmente, leer un libro que es una visión casi externa de alguien que está comprendido dentro del libro como uruguayo que es.


domingo, 12 de diciembre de 2010

LEER, BEBER, Y ESCUCHAR...

“Hay vinos para soñar. Vinos para olvidar. Para recordar lo que ya no será y vinos para, quizás, hacer lo que un día recuerdes.
Hay vinos para ser pensados. Vinos para acompañarte, para dolerte y para salvarte.
Y claro.
Hay vinos para leer.”

Pero como no sólo de lectura vive el hombre, hoy decidí dejarles la letra de una canción de Alberto Cortez. Los vídeos que se encuentran en Internet son una serie de presentaciones Power Point que poca justicia le hacen a la canción, por ello les dejo un link de un lugar para escucharla.

“Sí señor... el vino puede sacar
cosas que el hombre se calla;
que deberían salir
cuando el hombre bebe agua.

Va buscando, pecho adentro,
por los silencios del alma
y les va poniendo voces
y los va haciendo palabras.

A veces saca una pena,
que por ser pena, es amarga;
sobre su palco de fuego,
la pone a bailar descalza.

Baila y bailando se crece,
hasta que el vino se acaba
y entonces, vuelve la pena
a ser silencio del alma.

El vino puede sacar
cosas que el hombre se calla.
Cosas que queman por dentro,
cosas que pudren el alma
de los que bajan los ojos,
de los que esconden la cara.

El vino entonces, libera
la valentía encerrada
y los disfraza de machos,
como por arte de magia...
Y entonces, son bravucones,
hasta que el vino se acaba
pues del matón al cobarde,
solo media, la resaca.

El vino puede sacar
cosas que el hombre se calla.
Cambia el prisma de las cosas
cuando más les hace falta
a los que llevan sus culpas
como una cruz a la espalda.

La puta se piensa pura,
como cuando era muchacha
y el cornudo regatea
la medida de sus astas.

Y todo tiene colores
de castidad, simulada,
pues siempre acaban el vino
los dos, en la misma cama.

El vino puede sacar
cosas que el hombre se calla.
Pero... ¡qué lindo es el vino!.
El que se bebe en la casa
del que está limpío por dentro
y tiene brillando el alma.

Que nunca le tiembla el pulso,
cuando pulsa una guitarra.
Que no le falta un amigo
ni noches para gastarlas.

Que cuando tiene un pecado,
siempre se nota en su cara...
Que bebe el vino por vino
y bebe el agua, por agua."


viernes, 3 de diciembre de 2010

TEMPRANILLO AL MEDIODÍA

Sin lugar a dudas que estamos en la puerta de la época del año más linda en este lado del mundo. Es poco probable que exista un mejor comienzo de diciembre, días que merecen ser disfrutados. El maridaje de hoy será uno de los más frescos que he publicado, pero al mismo tiempo, algunos amantes fundamentalistas del vino no estarán de acuerdo con la elección. Con respecto al autor, creo que tiene la soltura necesaria para disfrutar de cada copa y de cada día que nos aguardan en los próximos meses.

Sin dar muchas más vueltas presento al primer integrante de este maridaje. Se trata del autor argentino Julio Cortázar. Representante del realismo mágico fue maestro de los cuentos cortos pero impactantes. Nació en Argentina en 1914 y murió en Francia en 1984. Entre las decenas de obras que realizó, las más conocidas son La Rayuela, Casa Tomada, La isla a mediodía, Instrucciones para subir una escalera (sumamente recomendable).

El vino que hoy engalanará esta combinación, para la cual usaremos La isla al mediodía, será el Tempranillo Reserve Rosado 2008 Don Pascual, de la bodega Juanicó. Muchos estarán pensando que un vino rosado no amerita ser considerado, ya que no cuentan con buena publicidad y se los relaciona con vinos flojos, sencillos y prescindibles. Sin embargo todo esto está muy alejado de la realidad. Los vinos rosados pueden ser sumamente nobles, habiendo grandes exponentes en el mundo y en nuestro país.

La historia de La isla al mediodía trata acerca de Marini, un aeromozo que un día, exactamente al mediodía, descubre sobre el Mar Mediterráneo un islote con forma de tortuga, que de a poco lo comienza a enamorar y lo llega a obsesionar. Cada vez que el avión en el que le toca trabajar pasa por esa ruta, él trata de sacarle fotos o averiguar cada vez más sobre esa misteriosa isla. Tras varios días de investigación descubre que se trata de Xirox, una pequeña isla griega fuera del circuito turístico. “El loco de la isla”, como lo llamaban los pilotos, se enamoró de un lugar que no conocía y que finalmente pudo visitar.

Muchos creyeron una locura su intención de ir de vacaciones a una isla que aparentaba tener unas pocas casas, cuyos habitantes hablaban en un idioma ajeno y vivían de la pesca y unas pocas plantaciones. Esa tenacidad le permitiría tranquilamente pedir con orgullo un vino rosado como el que nos acompaña. En la nariz hallaremos aromas exóticos, algo de manzana y cereza, pasando por el jengibre. Son aromas que nos llevan a una playa desierta con una gran compañía, en el caso de Marini, el cielo interminable y los habitantes del lugar, a los aromas sutiles de los matorrales cercanos al mar en el que decidió quedarse a vivir para siempre en esa isla. Al aroma de “Cuando llegó a la mancha verde entró en un mundo donde el olor del tomillo y la salvia era una misma materia con el fuego del sol y la brisa del mar”.

Marini trataba por todos los medios de “matar al hombre viejo”, de no estar pendiente de la hora, de ese mediodía donde su avión, el avión de sus compañeros de trabajo pasaría por la isla. Pero esta historia, como muchas de las de Cortázar tiene un toque de acidez. Moderado y fresco como el del Tempranillo apenas llega a la boca. Al mirar el avión pasando por encima de la isla, vio como repentinamente caía en picada hacia el mar. Su vida antigua se moría ante sus ojos. Desesperado corrió colina abajo para observar el accidente y tratar de salvar a quien pudiera. El avión se hundía irremediablemente en un mar silencioso. Nadó hasta donde pudo y logró alcanzar una mano que salía del agua. Lo remolcó hasta la orilla y descubrió que era tarde, la muerte estaba instalada en ese rostro. La herida “era como una boca repugnante que llamaba a Marini, lo arrancaba a su pequeña felicidad de tan pocas horas en la isla, le gritaba entre borbotones algo que él ya no era capaz de oír”.

Cuando llegaron los habitantes del lugar, se reunieron alrededor del cuerpo sin comprender cómo había logrado llegar a la playa. “Ciérrale los ojos” dijo una de las mujeres. Miraron al mar pero no había ningún rastro de otro sobreviviente. “…como siempre, estaban solos en la isla y el cadáver de ojos abiertos era lo único nuevo entre ellos y el mar”.

Marini de cierta forma cumplió su sueño. Llegó a la isla en su mente primero y en su cuerpo después. El final de su viaje sería en el lugar que él hubiera elegido aunque no de la forma deseada. Sus sueños se cumplieron, él conoció a la gente que lo enterraría, y creo que eso lo hizo muy feliz en su último aliento. El resto de la tripulación y los pasajeros tal vez estén en otras islas, ciudades u hogares. Quizás donde uno decida morir no tiene que coincidir con el lugar donde se encuentre nuestro cuerpo, aunque en el caso de Marini logró que fuera así. La historia queda en nuestra memoria algo más de lo que el Tempranillo queda en nuestro paladar. Pero ambos piden volver a probarlos, a sentirlos, para descubrir otros secretos escondidos esperando por nosotros, para disfrutarlos en mente y cuerpo.

Para terminar este maridaje, que tiene en su final una dulce tristeza, usaré otro pequeño cuento de Cortázar que me parece muy útil para todos, ya que de llegar a la situación de tener que llorar (que todos hemos pasado y pasaremos), lo mejor es hacerlo con estilo.

Instrucciones para llorar.

"Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos."

viernes, 26 de noviembre de 2010

MUCHO SIMBOLISMO Y UN GRAN VINO

El maridaje de hoy es uno que hace tiempo que estaba esperando, porque se trata de un libro que me gusta mucho y necesitaba un vino que lo acompañara. Pero obviamente no podía ser cualquier vino, sino uno que tuviera la dulzura, la tristeza, la magia, los paisajes y los misterios que tiene el libro elegido. A muchos no les gustará (varios de ellos sin haberlo leído), pero creo realmente que El Señor de Los Anillos es una de las mejores obras de literatura fantástica que se han realizado.

Para el maridaje de hoy usaré el primer libro, llamado La Comunidad del Anillo. Tal vez muchos están pensando en la película, pero la misma no es fiel representante del libro (como casi siempre). Hay un montón de magia dentro del libro que no fue llevada a la pantalla, tal vez para no arruinarla, tal vez porque no había forma de hacerlo.

Muchos renegarán de este libro por considerarlo literatura liviana, sin embargo es tal la cantidad de referencias y simbolismos que contiene que ha sido objeto de grandes estudiosos de la literatura. La mitología nórdica y griega se entrelazan con referencias bíblicas que hacen de este libro un muy buen exponente de este tipo de literatura. Los mismos que reniegan de este libro muchas veces son fanáticos de El Principito, con gran razón ya que es un excelente libro, pero sigue siendo literatura fantástica.

La variedad que lo acompañará hoy será el Syrah (también escrita Shiraz). Si bien es difícil lograr con ella grandes vinos, cuando se consigue, como en el caso del Bianchi DOC Syrah 2006 de bodegas Valentín Bianchi se logra un muy buen exponente de esta cepa, que es la tercera en popularidad a nivel mundial luego del Cabernet Sauvignon y el Pinot Noir (entre las tintas obviamente).

Ante todo, este libro está plagado de dulzura. Con algunos ribetes ácidos durante el transcurso de la trama. J. R. R. Tolkien combinó varias mitologías para lograr esta serie de libros donde humanos, elfos, enanos y hobbits luchan contra las fuerzas del señor oscuro con el fin de salvar Tierra Media. Cada una de estas especies, con sus contrastes hacen que el grupo, La Comunidad del Anillo sea mucho más que la suma de sus integrantes.

Será tal vez la suma de lo artesanal de su cosecha manual, su fermentación clásica o su pasaje por barricas de roble tanto americanas como francesas de tostado medio que hacen de este vino tan especial. Su sabor, si bien es un vino seco tiene un toque dulzón que lo hace muy agradable. Su aroma recuerda a guindas y cerezas, las cuales seguramente serían muy bienvenidas por Frodo y Sam, los dos personajes principales y encargados de destruir el anillo.

La mayor diferencia entre este primer libro y la película sea la ausencia en esta última de un personaje lleno de magia llamado Tom Bombandil. Él no sólo controla los bosques que lo rodean sino que además no es afectado por la malicia del anillo. Este invita a los cuatro hobbits que comienzan la travesía y los hace sentir cómodos y confiados. Cuando este vino llega a la boca y se despliega de forma impactante, con un toque claro de roble y sabores complejos pero dulces nos hace sentir relajados, sabiendo que en ese momento estaremos bien. Su pasaje es duradero y nos genera una sensación de bienestar que merece otro sorbo, con taninos que se sienten pero están muy aterciopelados y con una leve acidez que lo hace muy fresco para ser un tinto.

Su color es muy oscuro como las noches que albergaron a los aventureros de este libro o las que nos permitirán a nosotros disfrutar alguno de los dos elementos. Oscuro como las intenciones del creador de un único anillo para controlar a todos, especialmente a los hombres y su codicia. Pero intenso como la valentía de un pequeño personaje decidido a terminar con esta historia y traer la paz definitiva a Tierra Media.

Este verano que se viene por estos lados invita a llevar adelante este maridaje. Por más que este Syrah sea un vino tinto, es un vino con gran frescura y que merece ser disfrutado al atardecer. Puede acompañar un asado si queremos un vino de buen cuerpo pero que no tenga la aspereza de un Tannat. El libro es casi obligatorio en las maletas que se arman para las vacaciones, junto con algún libro liviano y otro más profundo. Si nunca fue leído merece serlo, y si lo fue seguramente se descubra algo nuevo o se vea un paisaje o una sensación de forma diferente.

Mientras lo tomamos seguimos descubriendo sus secretos, al igual que en el libro, cuando vamos hallando las diferentes aristas de los personajes y los inmensos paisajes llenos de vida pero frágiles, a merced de la voluntad de quienes los habitan. Los misterios del anillo y su simbología se van dejando ver a lo largo de las páginas, si bien en algún momento puede parecer complejo deja paso a una experiencia completa.

Si bien todos los libros se desarrollan según nuestra imaginación, creo que es en este caso donde más sucede. Los personajes fantásticos e increíbles saltan de página en página trayéndonos a la memoria antiguos cuentos que hemos leído, referencias mitológicas y hasta bíblicas. El Syrah DOC 2006 de Bianchi trae a la memoria momentos buenos y divertidos. Amores y poesías, canciones y dulzura. El fondo ahumado y especiado de su aroma nos lleva no sólo a las cenas en La Comarca, hogar de los hobbits, sino a comidas caseras de nuestra infancia y las vastas llanuras de Tierra Media. Los aromas de El Pony Pisador o las casas de los maravillosos y puros elfos.

Creo que no es suficiente lo que pueda escribir para dar una leve idea de cualquiera de los dos elementos de este maridaje. El libro como lo he dicho es tan rico que no pudo ser reflejado del todo en una película con un presupuesto multimillonario. Este vino es tan complejo pero a la misma vez tan sincero que merece probarlo cien veces, sabiendo que cada vez nos otorgará un nuevo secreto. Por ello mismo, al igual que siempre pero más que nunca invito a disfrutar ambos.

lunes, 22 de noviembre de 2010

EL VINO QUE TOMABAN EN LA PULPERÍA DEL TATÚ

Comienzan los días de verano, y todos queremos estar en la costa disfrutando de unas merecidas vacaciones. El despeje absoluto es el objetivo de cualquier descanso, por eso elegí para este maridaje dos elementos que nos relajen y refresquen nuestro paladar y nuestra imaginación.

El libro que hoy adornará este maridaje es de un autor muy nuestro nacido en el departamento de Treinta y Tres. Entre tantas obras que realizó, elegí una en particular que rememora momentos de mi infancia. Me refiero a Las Aventuras de Juan el Zorro de Serafín J. García. Para quien jamás lo haya leído, le recomiendo tomar como excusa algún sobrino o ahijado pequeño para poder tomar contacto con esta serie de fábulas en torno a un pícaro pero entrañable personaje. Es un ser simpático y muy hábil en todas sus empresas. Su alter ego, su enemigo es el tigre. Torpe, vanidoso, déspota con todos.

En el correr de las páginas aparecerán muchísimos animales de nuestra fauna autóctona, tanto mamíferos, aves y reptiles. Todos ellos simbolizan a alguien que conocemos. Está el Tatú codicioso, la Comadreja ladrona, el Loro lengua larga, el Perro milico, etcétera. Algunos ya deben estar dudando de la validez de utilizar una fábula, pero es un género literario de más de 2500 años con autores de la talla de Esopo.

Pero, ¿cuál es el vino que acompañará? Es una cepa poco desarrollada en Uruguay, pero que una bodega en particular lo logró hacer muy bien hace más de 60 años. Un reciente cambio en la imagen hace que hoy esté escribiendo un maridaje que surgió por sí mismo. Me refiero al Riesling Cuna de Los Cerros de San Juan (antiguo San Juan Riesling). ¿Por qué es tan evidente el maridaje? Porque desde hace unos meses, la bodega tiene una línea de seis vinos varietales en los que, desde sus etiquetas, seis aves autóctonas distintas nos observan. Quien engalana la botella del Riesling Cuna es la Calandria, una de las más dulces melodías que podemos escuchar en nuestro país tanto en el campo abierto como en la pulpería a la que Juan el Zorro solía ir a tomar algunas cañas junto al resto de los animales del lugar.

Las Aventuras de Juan el Zorro se dividen en treinta pequeños cuentos, donde vamos conociendo al personaje y sus peripecias. Desde el comienzo Juan el Zorro se nos presenta como un ser aventurero que “cierto día decidió abandonar el pago natal y salir a correr mundo, en busca de horizontes más propicios”. Sin duda que aquellos primeros aventureros que trajeron esta cepa alemana a nuestro país sintieron algo muy parecido, y por suerte en ambos elementos de nuestro maridaje, el horizonte que alcanzaron está a nuestro alcance para disfrutarlo y brindar por ello.

Lo que cualquier gaucho que se aprecie de tal necesita para comenzar sus aventuras es un buen compañero de ruta. Para ello Juan el Zorro recurre a su ingenuo pero cálido amigo como es el Ñandú, de igual forma, este Riesling se acompaña de gran forma con los días que están por venir, buen compañero de la playa y la brisa del mar. Su sabor es propio del verano y la naturaleza, a frutas blancas y vegetales. Tiene un toque de acidez que nos deja una sonrisa, como la picardía tras la mirada de Juan el Zorro. La paleta de colores está tomada de las postales de nuestra campaña, con un tono muy limpio con aristas verdosas.

Es un vino que seguramente cautivará a muchos, aunque más de un Tigre soberbio lo rechace por ser un vino blanco, pero no tardará en aparecer un Zorro que lo descubra sin miedo y luego sea envidiado en silencio por el terco felino.

Esta línea de vinos es un homenaje a la naturaleza, la misma que sirvió de inspiración a Serafín J. García para que pusiera al frente de una pulpería a un viejo Tatú, y en sus mesas a un Carpincho veterano y un Carancho presumido. Un Tigre Overo y un León Bayo como candidatos políticos de la región, en una elección donde comienza la relación entre Juan el Zorro y el Tigre. Este último, ávido de votos toma en sus brazos a Juan como su ahijado (una tramoya del zorro) con tal de obtener dos papeletas más en los comicios, pero como toda voluntad que se quiere comprar, se puede dar vuelta en un instante. Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia.

Es interesante observar que es tal el respeto del autor por la fauna autóctona que todos los animales están escritos con mayúscula en el libro.

Debemos esperar mucho para encontrar la Calandria en el libro, e incluso cuando aparece, lo hace humildemente mientras observa una payada que llevan adelante dos Zorzales. Esa actitud se repite al servir el vino en la copa y probarlo, sintiendo que a pesar de ser un vino seco, es tan disfrutable que pide con un melódico canto volver a probarlo. Seguramente Juan el Zorro hubiera cambiado la grapa por este vino, siempre y cuando lo hubiera podido conseguir gratis. Lo que no tenía de riquezas lo tenía de habilidad para desarrollar tramoyas en las cuales alguien terminara invitándolo o directamente siendo robado por él. A pesar de todo, nunca robó a un animal inocente, y cada víctima lo fue de sí misma. De su codicia, su altanería, su egoísmo, su exacerbada curiosidad, etcétera. Por ejemplo en la primera visita de Juan el Zorro a la pulpería, cuando nota la codicia del Tatú, el cual en la puerta de su negocio tenía un cartel que rezaba:

“No dentre a esta pulpería
sin darse por enterao,
que si hay sol vende al contao
y si es de noche no fía”

Juan decide conseguir comida a costa del Tatú, y pone en su contra su propia avaricia, ya que es buena costumbre ayudar al estómago vacío de un gaucho andante. Lo engaña fácilmente y se libera de él pudiendo conseguir toda la comida y bebida que pudiera llevar.

Las mayores aventuras de Juan el Zorro se dan gracias a la complicidad de la soberbia del Tigre, quien odia a Juan no sólo porque continuamente lo deja en ridículo, sino por su inteligencia y habilidad, dos características que el felino desconoce. Es un personaje que todos nosotros podemos reconocer en más de un conocido. Alguien que tiene dinero pero cero encanto ni talento, que sólo su status lo hace compañero de alimañas arrastradas y traicioneras, como el Cuervo, el primero en aparecer cuando hay que festejar tontas ocurrencias pero el primero también en desaparecer cuando el bolsillo se cierra. El Tigre durante varios capítulos lucha e intenta atrapar a Juan, luego de haber sido engañado por éste, pero cada vez obtiene un peor resultado. Su sentido común es mínimo, por lo que sigue cayendo capítulo tras capítulo en los engaños de Juan.

En el capítulo en que aparece la Calandria, el Tigre es ridiculizado en una payada mano a mano con Juan en la pulpería del Tatú (quien ya perdonó a Juan por la lección tan clara que le brindó). El Tigre, que ahora trataba de que su venganza no fuera física, sino más bien sicológica como la mayoría de los castigos de los que fue víctima por parte de Juan, creyó ser capaz de ridiculizarlo mediante una payada ante un auditorio compuesto por integrantes de la misma orquesta que tocó en el cumpleaños de la Comadreja: “el Cardenal, el Jilguero, la Calandria, el Grillo, el Boyero, la Chicharra, la Rana, el Mangangá, y otros muchos cantores y músicos de diferente categoría”. El Tigre con tono arrogante comenzó diciendo:

“Si hasta el Sabiá cierra el pico
cuando me pongo a cantar,
y no da ni pa empezar
conmigo ningún Boyero,
no será un Zorro guasquero
el que me gane a payar.
”

Juan el Zorro, irónico como siempre y muy ingenioso le contestó rápidamente:

“No bastan las uñas largas
pa ser un güen guitarrero,
ni basta nacer overo
pa ser Tigre de verdá.
Tiene más plumas el Chajá,
pero es más pájaro el Tero
.”

El Tigre, indignado y borracho se lanzó con todo:

“Decíme, si sos tan léido,
por qué razón Tata Dios
habiendo dao cola al Chancho
hizo al Carpincho rabón
”.

Juan sonrió sabiendo que comenzaba a ganar la batalla, y tiró sin demorar:

“Dios hizo al Chancho de barro
y después que se secó
lo revolió de la cola
y a un pantano lo tiró.

Mandinga quiso imitarlo
pero como era chambón
al revoliar su cochino
la cola se reventó.

Cuadró que por ayí cerca
corría un arroyo cantor.
El bicho jue a parar al agua…
y así el Carpincho nació.
”

Juan estaba extasiado por su victoria, pero aburrido por lo fácil que resultaba, así que decidió terminarla con los siguientes versos que sirven tanto para su oponente de payada, como para ese Tigre conocido que todos tenemos. El maridaje de hoy termina por aquí, con unos versos que van dedicados a quien le quepa el poncho.

“Tata Dios cuando nos hizo,
nos dio un arma a cada cual
pa defender el pellejo
cuando nos viésemos mal.

Al burro, juerza en las patas,
al Venao, la agilidá
guampas filosas al Toro
y lanceta al Mangangá.

Pero hay uno entre nosotros
-sin duda el más animal-,
que porque tiene dinero
cré tener habilidá,
como si eso juera cosa
que se pudiera comprar.
Si usté me dice su nombre
yo me entregó. ¡Ni qué hablar!
”



lunes, 8 de noviembre de 2010

UNA AVENTURA QUE SURCA LOS MARES

Para este primer maridaje de noviembre y la segunda entrada del mes nos iremos directamente al mar. Uno de los componentes de la combinación de hoy recibe su nombre gracias a una pequeña parte de nuestra historia, más específicamente, de la historia de nuestro río ancho como mar. El otro elemento de este maridaje viene desde mares al otro lado del mundo.

El libro de hoy es de Emilio Salgari, un escritor italiano de la segunda mitad del siglo XIX. Estoy hablando del libro Sandokán, la primera novela protagonizada por ese personaje. Es un príncipe de Borneo que decide dedicarse a la piratería con el nombre de “Tigre de la Malasia”. No elige este camino para apoderarse de tesoros, sino para vengarse del imperio británico que lo sacó de su trono y asesinó a su familia.

Un siglo antes de las aventuras de este príncipe, se hundía en las costas de Montevideo, más precisamente frente al barrio costero Punta Gorda, un galeón español con un gran cargamento de oro y plata. El cargamento, objetivo de los piratas que lo hundieron se considera uno de los diez mayores tesoros sumergidos en el mundo. Para aquellos que aún no sepan cuál es ese barco, se trata de El Preciado, el cual fue homenajeado por la bodega Castillo Viejo en un tinto de corte de alta gama. Para este vino cosecha 2002 se utilizó un cincuenta y seis por ciento de Cabernet Franc, un veinte por ciento de Merlot, un dieciocho por ciento de Tannat y un seis por ciento de Cabernet Sauvignon.

Hecha la presentación, comienzan los factores que hacen que este vino y el libro en cuestión mariden perfectamente. Por supuesto que el nombre y la presencia del galeón en la botella hacen que la relación con piratas o flotas mercantes a vela nazca inmediatamente. Pero más allá de eso está la aventura. Si bien en un caso está en riesgo mucho más que el otro, pero se necesita valentía para surcar los mares del sudeste de Asia, o para generar un corte de alta gama, con la esperanza que todo el esfuerzo (no sólo económico, sino de las expectativas puestas en el vino) valga la pena. Por suerte una vez más nos encontramos con un vino uruguayo que no es la excepción, y Castillo Viejo logró un gran vino que por ejemplo, ganó en su categoría en el concurso “El consumidor elige” del “XV Salón Nacional del Vino”.

El autor describe a Sandokán de la siguiente forma: “Era alto, vigoroso, de robusta musculatura, facciones enérgicas, feroces y de rara belleza”. Esta descripción se podría utilizar perfectamente como alegoría para describir lo que se siente en boca cuando este gran vino pasa por ella. Su volumen y untuosidad hacen que la primera impresión sea de un vino sublime, como esas personas que al entrar a un lugar lo llenan con su presencia, justamente como un príncipe alto y de facciones enérgicas. Los taninos están presentes, pero algo dulces y muy gentiles, propios de la caballerosidad de un pirata que supo ser de la realeza. El Preciado de Castillo Viejo promete durar mucho, tanto o más que las aventuras de nuestro personaje.

Es un vino orgulloso, seguro de lo que puede brindar y de lo que es. Sus casi dos años y medio de añejamiento (catorce meses en barrica y quince en botella), la combinación entre barricas de roble americano y francés con diferentes tostados y de diferentes tonelerías, le otorgan a cada botella una presencia que merece ser presentada con grandeza. De igual forma se presenta Sandokán diciendo: “Hay un hombre que impera sobre los mares que bañan las costas de las islas malayas, un hombre que es el azote de navegantes, que hace temblar a las gentes y cuyo nombre suena como una campana fúnebre. ¿Has oído hablar de Sandokán, llamado también el Tigre de la Malasia? Mírame la cara. ¡El Tigre soy yo!” La bodega Castillo Viejo está en condiciones de clamar por tener un vino que se destaca en la mesa o en cualquier cava, que a pesar de su tiempo sigue con la energía de un joven, que desafía los sentidos dejando misterios en la boca y la nariz, para seguirlo conociendo, que a pesar de probarlo cien veces, siempre mostrará una nueva sorpresa.

Sus aromas son complejos y exóticos. Se puede sentir tonos de chocolate y vainilla, con destacados matices frutales y especiados, como clavo de olor. Aromas de las tierras de Yañez, el ayudante portugués de nuestro personaje. Quizás aromas de las maderas que formaban su orgulloso barco, o tal vez propios de los tupidos bosques en los que Sandokán se escondía para escapar de los ingleses, o de quienes no querían su relación con Mariana, su gran amor.

Su color es púrpura con ribetes violáceos, oscuro como los ojos del príncipe despojado de su reino, pero con la vivacidad de quien tiene un objetivo. Al mismo tiempo posee una profundidad propia de un alma noble como su contenido y nuestro héroe. Tal vez esas noches en las que con su barco surcaba los mares en busca de una de las tantas islas de los mares de Malasia, tenían la oscuridad y el brillo propios que encontraremos en cada copa de El Preciado.

Un vino como este, sea cual sea la bodega no puede nacer sin ayuda del amor a lo que se hace y a lo que brinda la naturaleza. Ese amor que derrota hasta a la venganza más deseada. Sandokán, a pesar de perderlo todo frente a los ingleses y entender que “no soy pirata por avidez, soy justiciero, el vengador de mi familia y de mi pueblo, nada más”, encontró en unos ojos azules como el mar que acunó a El Preciado y al barco de nuestro héroe, el amor que le hizo dudar de sus propósitos: “Si quieres iré a destronar a un sultán para darte un reino; si deseas ser inmensamente rica, saquearé los templos de la India y de Birmania para cubrirte de diamantes y de oro… si me pides que renuncie para siempre a mis venganzas y que el pirata desaparezca, incendiaré mis praos para que nadie pueda piratear, despediré a mis hombres e incendiaré mis cañones. Habla, dime lo que quieres”.

Los dos componentes del maridaje de hoy merecen respeto y tiempo. Respeto porque se lo han ganado y tiempo porque es la mejor forma de disfrutarlos. Un vino como este debe ser decantado o al menos permitirse airear para que brinde todo de sí. Este libro merece tiempo, para entender que muchas veces intentar devolver el daño que se nos ha causado es bajeza de espíritu, que siempre será vencido por nobles sentimientos, y nobles vinos como El Preciado de Castillo Viejo.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

BORGES Y EL VINO


Para comenzar noviembre no haré un maridaje sino una introducción a un autor y su relación con el vino. Si uno piensa en literatura argentina, automáticamente surgirá el nombre de Jorge Luis Borges. Este post se relaciona con el anterior, ya que Quino lo conoció y hasta le preguntó por el origen de una palabra en una feria de literatura de las de antes.

Él además era un gran consumidor de vino, y entre innumerables obras (alguna de las cuales esperamos maridar algún día en este blog) realizó dos poemas en honor a esta mágica bebida. Considera al vino como una conexión entre las diferentes culturas a lo largo de la historia, que se mantiene más allá del tiempo.

Pero para no analizar tanto y disfrutar sin estructurar tanto poemas que surgieron de lo más profundo de uno de los grandes de la literatura mundial, les dejo los dos poemas de hoy.



Al vino.


En el bronce de Homero resplandece tu nombre,
negro vino que alegras el corazon del hombre.


Siglos de siglos hace que vas de mano en mano
desde el riton del griego el cuerno del germano.


En la aurora ya estabas. A las generaciones
les diste en el camino tu fuego y tus leones.


Junto a aquel otro río de noches y de días
corre el tuyo que aclaman amigos y alegrías,


vino que como en Éufrates patriarcal y profundo
vas fluyendo a lo largo de la historia del mundo.


En tu cristal que vive nuestros ojos han visto
una roja metáfora de la sangre de Cristo.


En las arrebatadas estrofas del sufí
eres la cimitarra, la rosa y el rubí.


Que otros en tu Leteo beban un triste olvido;
yo busco en ti las fiestas del fervor compartido.


Sésamo con el cual antiguas noches abro
y en la dura tiniebla, dádiva y candelabro.


Vino del mutuo amor a la roja pelea,
alguna vez te llamaré. Que así sea.




Soneto del vino



¿En qué reino, en qué siglo, bajo qué silenciosa


conjunción de los astros, en qué secreto día


que el mármol no ha salvado, surgió la valerosa


y singular idea de inventar la alegría?


Con otoños de oro la inventaron. El vino


fluye rojo a lo largo de las generaciones


como el río del tiempo y en el arduo camino


nos prodiga su música, su fuego y sus leones.


En la noche del júbilo o en la jornada adversa


exalta la alegría o mitiga el espanto


y el ditirambo nuevo que este día le canto


otrora lo cantaron el árabe y el persa.


Vino, enséñame el arte de ver mi propia historia

como si ésta ya fuera ceniza en la memoria.